Solo puedes ser feliz en el presente

Permitidme que comparta con vosotros una investigación[1] de dos profesores de Harvard en la que con el sugerente título “A wandering mind is an unhappy mind” (una mente que divaga es una mente infeliz) ofrecen como resultado un dato que no por esperado es menos sorprendente

 

“nuestra mente se encuentra divagando un 47% del tiempo”.

 

Killingsworth y Gilbert, que así se llaman estos dos académicos, descubrieron que la divagación mental es más grande en actividades como nuestro trabajo, cuando conversamos, cuando vemos la TV o cuando intentamos relajarnos y no hacer nada. Pero la principal conclusión de la investigación es que las personas declararon que cuando más felices se sintieron fue cuando su mente no divagaba, es decir, estaban centrados en el momento presente.

Para poder comprender esto mejor, echo mano de una herramienta que con base en Echeverría (2003) [2]ha trabajado mi amiga y mentora, María Manzano. Esta herramienta, publicada en Cuadernos de Coaching con el título “Gestión de los estados de ánimo a través del coaching” explica nuestra situación emocional a través del siguiente cuadro, en el que añade el “presente” al trabajo previo de Echeverría.

 

Imagen 1.pngFuente: Manzano (2018) sobre la base de Echeverría (2003)

Hay que entender, que el pasado, lo que ya ocurrió, puede ser aceptado o no. Si la persona no acepta lo ocurrido, se encuentra en un estado de resentimiento. Su mente se encuentra volcada en el pasado, dándole vueltas y emitiendo juicios. Este proceso se conoce como rumiación mental, lo que claramente nos aleja de la felicidad. Para salir de ese círculo vicioso, solo podemos echar mano de la aceptación de lo ocurrido, cerrando ese episodio y transitando a nuestro presente.

Cuando, por el contrario, nuestra mente se proyecta de forma continua al futuro, anticipando lo que ha de venir, tenemos dos opciones. Por un lado, la persona puede no aceptar la possibilidad de actuar y construir y perseguir sus propios objetivos y metas. En este caso hablamos de un estado de resignación, es decir, de la pérdida de la esperanza. La esperanza es uno de los elementos más importantes y es determinante de la felicidad, la salud, el absentismo, la productividad y el envejecimiento.

Cuando aceptamos el futuro nos encontramos en un estado de ambición o motivación. Esto parece bueno, y de hecho lo es, dependiendo de dónde nos situemos mentalmente. Si la ambición la gestionamos proyectándonos mentalmente sobre los objetivos que perseguimos y sobre el éxito o resultado esperado, más que desde el proceso para alcanzarlos, y este estado de anticipación se instala en nuestra mente, podemos experimentar estrés y ansiedad, lo que francamente no ayuda mucho a nuestra felicidad.

Por lo tanto ¿qué nos queda? El presente, solo el presente. Aun así, cuando vivimos el presente desde su negación, desde la no aceptación de lo que estamos viviendo, nos instalamos en estados de frustración que tampoco ayudan a nuestra felicidad. La frustración está llena de juicios mentales (divagación) sobre lo que pensamos que es nuestra vida y sobre lo que pensamos que nosotros merecemos o debería haber sido. En vez de vivir, simplemente lamentamos lo que vivimos.

La felicidad, por tanto, solo puede encontrar un camino

  • Vivir el momento presente con aceptación de mi propia realidad

  • Aceptando el pasado, lo que ya ocurrió, siendo consciente y estando en paz con ello

  • Viviendo la motivación a través del disfrute del proceso de avanzar hacia un futuro deseado, momento a momento, paso a paso, saboreando el camino

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[1]Killingsworth, M. A., & Gilbert, D. T. (2010). A wandering mind is an unhappy mind. Science, 330(6006), 932-932.

 

[2]Echeverría, R. (2003) Ontología del lenguaje. JC Sáez editor

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